CIP lanza Iniciativa Andina durante evento del Premio Mundial de Alimentación

La región andina es un punto crítico de agrobiodiversidad, cuna de cultivos que van desde la papa hasta la quinua, pero está sufriendo los efectos del cambio climático a un ritmo más rápido que el resto del mundo. El Centro Internacional de la Papa (CIP) ha creado una Iniciativa Andina para estudiar los impactos del cambio climático en los altos Andes al tiempo que ayuda a los agricultores de la región a adaptarse y mitigarlo con la ayuda de su diversidad de cultivos.

La iniciativa fue lanzada durante el Diálogo Borlaug del Premio Mundial de la Alimentación en Des Moines, Iowa, donde expertos del mundo de la investigación, desarrollo y los negocios discutieron los retos y oportunidades para mejorar la nutrición, los ingresos, la conservación de la biodiversidad y la resiliencia climática.

“La región andina comenzó a sufrir eventos climáticos extremos mucho antes de que el cambio climático se convirtiera en un problema mundial”, dijo Ginya Truitt Nakata, directora regional del CIP de América Latina y el Caribe. “Es un laboratorio donde podemos estudiar y abordar los impactos del cambio climático en la agricultura, la nutrición, la agrobiodiversidad y la liberación continua de carbono, y aprender qué puede hacer el resto del mundo antes de que las temperaturas globales promedio alcancen los 2 grados Celsius”, remarcó.

Stef De Haan, científico principal del CIP, explicó que desde la década de 1970 los agricultores de las tierras altas están trasladando sus campos de papa en las laderas de las montañas unos 350 metros más arriba en promedio, para eludir las temperaturas más altas y la presión de las plagas y enfermedades. Esto da lugar a la liberación de carbono de un ecosistema de turba a gran altitud que secuestra tanto carbono por hectárea como algunos bosques amazónicos. Otros agricultores han abandonado completamente sus tierras altas, mudándose a las ciudades o a las tierras bajas de la Amazonía, donde trabajan en minas de oro ilegales o talan bosques para convertirlos en tierras de cultivo, lo que contribuye al cambio climático.

“Desarrollaremos una herramienta para evaluar los cambios en el uso de la tierra al tiempo que promoveremos prácticas sostenibles para ayudar a los agricultores a preservar el carbono del suelo y mejorar sus cosechas. También promoveremos la conservación de la agrobiodiversidad en finca y recomendaremos el cultivo de variedades más nutritivas y resistentes”, precisó De Haan.

Jesús Quintana, jefe de la Región Andina y del Cono Sur de la Fundación Internacional para el Desarrollo Agrícola —entidad coanfitriona del evento paralelo del Premio Mundial de la Alimentación— señaló que el 70 por ciento  de los alimentos consumidos en América Latina son producidos por pequeños agricultores. Añadió que a pesar de que los Andes poseen una gran cantidad de agrobiodiversidad, la región padece altos niveles de pobreza.

“Las comunidades andinas deberían estar en el centro de los esfuerzos para abordar estos desafíos. Son las más afectadas y necesitan ser parte de la solución”, indicó Quintana. “Necesitamos comenzar por involucrar a los pobladores rurales en la conservación de la biodiversidad, como lo está haciendo el CIP”, prosiguió.

Según Mark Edge, jefe de las asociaciones para los países en desarrollo de Bayer, a pesar de que las parcelas andinas son diferentes a las de la mayoría de clientes de la empresa, algunas tecnologías de Bayer podrían adaptarse para mejorar la producción en la región. “Queremos que la tecnología esté disponible en otros lugares y para otros cultivos. Se trata de cómo sacar el máximo provecho de un cultivo con el menor impacto”, expresó.

“Vivimos en una sociedad que necesita la diversidad de los cultivos y reconoce su valor”, enfatizó Edge.

“El CIP aprovechará la demanda del mercado por los productos andinos para mejorar los ingresos y las dietas de las familias de los pequeños agricultores, y ayudar a las personas a permanecer en sus comunidades”, aseguró De Haan. Añadió que esos esfuerzos estarán basados en el éxito de una iniciativa anterior del CIP que dio lugar a un aumento de tres veces en el valor de la exportación de variedades de papas nativas del Perú entre 2010 y 2015.

Andrew Jones, profesor asociado de Ciencias de la Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, dijo a la audiencia que una idea errónea muy común es que los agricultores que siembran una variedad de cultivos ganan menos que los que se especializan. La investigación muestra que es lo contrario. Los agricultores que siembran una diversidad de cultivos perciben ingresos más altos y consumen dietas más diversas, en parte porque compran mucho de lo que consumen.

“Es importante considerar el papel de los mercados. Son el principal impulsor de la diversidad de la dieta de las familias agricultoras”, puntualizó Jones.

Roger Thurow, alto miembro de Agricultura y Alimentación Global en el Consejo de Asuntos Globales de Chicago, observó que la situación en los Andes le recuerda las cosas que observó en América Central y Asia.

“Los Andes están justo en el meollo de ese gran desafío que encara la humanidad: alimentar al planeta mientras viven dentro de sus límites ambientales”, afirmó Thurow.

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