Arcas para el próximo diluvio

Las imágenes son desconcertantemente anaranjadas. No precisan epígrafes ni subtítulos. Lucen como un episodio más de una distopía que se desenvuelve en tiempo real, aunque no se trata de un pasaje de la novela La carretera de Cormac McCarthy ni de la última encarnación de Blade Runner. Con el resplandor fantasmal propio de la catástrofe, las fotografías y videos de los incendios forestales en Australia han vuelto más palpable la pesadilla apocalíptica que nos atormenta al parecer día a día. Ahora no solo se la ve, se la huele: el humo de un continente en llamas recorrió en pocas horas más de 12.000 kilómetros hasta llegar a América del Sur.

A los más de mil millones de animales muertos y hábitats enteros arrasados se les suma el caos creciente provocado por el brote de coronavirus que inquieta al planeta, más incendios en California y el Amazonas, glaciares que se derriten, tifones y huracanes de categoría 5, inundaciones y sequías épicas por igual.

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