Por la ruta de los parientes silvestres con Alberto Salas

Alberto Salas ha dedicado su vida a encontrar, investigar y preservar los parientes silvestres de las papas . Él ha atravesado los Andes a pie, a caballo, en ómnibus, avión y auto. Ha sorteado matorrales de espinosos cactus y curado huesos rotos en áreas inaccesibles cuando los teléfonos celulares eran una idea de ciencia ficción del futuro. Ha sobornado con caramelos a pasajeros de autobuses repletos para que aceptaran detenerse un ratito en parajes desolados y él pudiera desenterrar un extraño e incomible tesoro: los parientes lejanos de las papas comunes que disfrutamos hoy.

Si bien los parientes silvestres de las papas domesticadas no se verían bien en la mesa familiar, podrían ser la llave para garantizar la producción de papa para las futuras generaciones.  Los parientes silvestres de la papa han evolucionado abundantemente en la naturaleza a través del tiempo, creciendo por lo general en condiciones inhóspitas. En su cambiante ADN podría estar oculta la clave para crear variedades modernas de papa con resistencia incorporada a retos agrícolas como plagas y enfermedades, condiciones climáticas severas y sequías prolongadas.

A la edad de 74 años, el amor de Alberto por los parientes silvestres de la papa no muestra signos de apagarse. Recientemente volvió a hacer el mismo viaje que realizó hace 20 años. En un lapso de 10 días llegó a alturas donde la mayoría se queda sin aliento y cubrió 4,600 kilómetros de caminos que abarcan cinco departamentos del Perú: Tacna, Moquegua, Cuzco, Arequipa y Ayacucho.

Hace dos décadas, a muchas partes del terreno recorrido por Alberto en su reciente viaje sólo se podía llegar a pie. Pero si bien el aumento de carreteras asfaltadas puede hacer más accesibles las áreas alejadas, también tiene un efecto adverso sobre la población de parientes silvestres.

“La construcción de carreteras afecta al medioambiente”, afirma Alberto. “Donde hay carreteras se construyen casas. Se extienden las líneas eléctricas para llegar a esos nuevos hogares, y todo eso destruye el hábitat de los parientes silvestres de la papa. Hace veinte años, cuando visité un lugar a 4,600 metros, sólo había 10 casas. No había ningún sitio dónde desayunar. Ahora hay una ciudad completa allí”.

El crecimiento de la población y de las construcciones son extensiones naturales del progreso.  Se espera una pérdida del hábitat, lo que vuelve aún más crítica la recolección de especies de papa silvestre. Preservar y estudiar la biodiversidad de las especies silvestres existentes ayuda con información a la investigación de las generaciones venideras.

En el cruce entre Arequipa y Chivay, Alberto acostumbraba recolectar parientes silvestres de papa a lo largo de la ribera. Ahora esas mismas papas están creciendo al costado de la carretera, haciéndolas más vulnerables a la extinción. Al perderse un pariente silvestre se pierde todo el potencial genético que esa especie ofrece.

No existe un camino delineado para hallar papas silvestres. Los investigadores como Alberto dependen de sus conocimientos sobre el comportamiento de las plantas y de estar atentos a los signos reveladores de la presencia de parientes silvestres. En su reciente viaje, Alberto buscó las papas en los mismos lugares donde las había obtenido hace más de 20 años. Para satisfacción del grupo, se encontró una especie que se creía extinguida.

Generalmente, el agricultor le da al pariente silvestre la misma categoría de una maleza.  Ellos se esfuerzan en limpiar sus tierras de estas plantas a fin de dar cabida a las variedades domesticadas. La agricultura, en general, ha invadido las áreas donde prosperan las variedades silvestres de papa. El potencial genético de los parientes silvestres de la papa, sin embargo, podría ser lo que salve el futuro de la agricultura. Algunas especies han desarrollado resistencia a ciertas plagas y enfermedades. El uso en mejoramiento del material genético de los parientes silvestres podría ahorrar millones de dólares al permitir el desarrollo de nuevas variedades que minimicen las pérdidas de los cultivos y la necesidad de usar pesticidas.

Los cactus con frecuencia son una fuente de protección para los parientes silvestres de la papa. Las espinas mantienen alejados a los posibles depredadores, como las llamas en pastoreo y los pájaros que buscan darse un banquete con las hojas de las papas silvestres. Cuando la población de cactus disminuye, también lo hacen las especies de parientes silvestres que crecen bajo su sombra y protección.

“El cactus produce buena leña, es un fabuloso iniciador de fuego”, reconoce Alberto. “Su área se ha reducido mucho al usarlo para cocinar. Esto fue alguna vez un bosque de cactus y ahora solo quedan tres. Afortunadamente, la mayor parte de la gente cocina ahora con gas lo que ayudará a minimizar las pérdidas en el futuro”.

En el sur del Perú no es raro encontrar papas silvestres creciendo al costado de especies de tomate silvestres.

“Hace aproximadamente 25,000 años los ancestros del tomate y de la papa se separaron”, refiere Alberto. “Todavía es bastante común encontrarlos juntos y verlos crecer de esta manera proporciona una ventana acerca de cómo eran las cosas en el pasado”.

Cada especie recolectada es catalogada diligentemente en el campo. Tomar nota con sumo cuidado del lugar donde se localizó la especie y en qué condiciones sirve como referencia para futuras expediciones.

Además de las papas, también se guardan y preservan muestras de la planta y de las flores. Compararlas con muestras de plantas recolectadas anteriormente puede ayudar a entender mejor cómo se van adaptando las plantas a través del tiempo.

Para sobrevivir, los parientes silvestres necesitan desarrollar resiliencia a las cambiantes presiones ambientales. Rasgos como una mayor resistencia  a las plagas o tolerancia a sequías pueden contribuir a los esfuerzos de mejoramiento para desarrollar variedades modernas adecuadas a los desafíos planteados por el cambio climático.

“Todo pasa por un proceso evolutivo”, señala Alberto. “Comparamos lo que recolectamos en 1998 con lo que estamos recolectando ahora. Visualmente puede que no haya cambios, pero sí genéticamente. Estos viajes nos permiten ver si sus genes han cambiado”.

“Las papas silvestres tienen 120 enemigos: virus, bacterias, hongos, insectos, aves, mamíferos, pero el ciento veintiuno es el peor: el ser humano (que busca comida e ingresos)”, subraya.

Afortunadamente para los parientes silvestres de la papa, entre los seres humanos también hay un campeón dedicado a ellos: Alberto Salas. Él se ha pasado más de medio siglo buscando y preservando las especies de papas silvestres. Gracias al esmero de investigadores como Alberto, los mejoradores de plantas pueden contar con el material genético de los parientes silvestres para desarrollar nuevas variedades adaptadas a las presiones de un mundo en constante cambio.

Alberto Salas es un agrónomo especializado en parientes silvestres de papa. Estima haber realizado alrededor de 300 viajes para recolectar y catalogar los parientes silvestres de la papa.

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