CIP celebra sus 50 años con un tributo a la biodiversidad andina 

El Centro Internacional de la Papa (CIP) celebró recientemente un hito significativo: el 50 aniversario de su fundación. La ocasión sirvió para poner de relieve esa estrecha y perdurable relación de la institución con el Perú y especialmente con los Andes, por el papel que cumple en el sostenimiento de una biodiversidad única que es la base de peculiares sistemas alimentarios. Además, esta región es clave para conocer en mayor profundidad cómo afectarán los eventos extremos e impredecibles causados por el cambio climático a otros lugares del mundo, y cómo el medio ambiente, la agrobiodiversidad y las poblaciones lograrán adaptarse a ellos.

La relación del CIP con los Andes se remonta a 1971, momento de su creación como organismo de investigación enfocado en papa, camote y tubérculos y raíces andinos. En un contexto caracterizado por el crecimiento de la población y la preocupación por la situación global de alimentos, los objetivos, entonces y ahora, han sido encontrar soluciones sostenibles a los problemas del hambre, la pobreza y la degradación de los recursos naturales en los países más necesitados del mundo, y los Andes fueron el lugar propicio para ello.

Desde el inicio, nuestros esfuerzos innovadores estuvieron enfocados en el mejoramiento y conservación, la investigación localizada, la resistencia y el manejo de enfermedades y la creación del más grande banco genético de papa, camote y raíces y tubérculos que orgullosamente preservamos en custodia para la humanidad por acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) y que ha impactado tremendamente en la población de diversos países alrededor del planeta.

Gran parte de esa colección proviene de los Andes –cuna de diversos cultivos– y, como recordó la Directora General del CIP, Barbara Wells, en su discurso de bienvenida al evento de celebración de los 50 años, actualmente el banco de germoplasma del CIP comparte más de 5.000 muestras de germoplasma cada año para ayudar a los países a desarrollar papas nutritivas y resistentes al clima. “A través de colaboraciones y desarrollo de capacidades con socios nacionales y el sector privado, el CIP ha ayudado a más de dos millones de pequeños agricultores a mejorar sus rendimientos con nuestras variedades de papa”, enfatizó.

Además de la papa, en los Andes se originaron un sinnúmero de superalimentos, como los granos de amaranto y quinua, las legumbres de lupino y las raíces de maca, que han sido celosamente preservados por los guardianes de su biodiversidad que los han conservado, seleccionado y mejorado a través de diversas generaciones.

De las 110 zonas de vida que existen en el mundo, los Andes cobijan 85. Pero por su ubicación a gran altitud son particularmente vulnerables a los cambios de temperaturas y patrones climáticos, lo que provoca el incremento en la frecuencia y la intensidad de las sequías, granizadas y heladas, afectando su capacidad de producir alimentos. Y, además de ser un referente mundial de agrobiodiversidad, la Cordillera de los Andes cumple un rol esencial como abastecedor de agua a las cuencas de los ríos que alimentan el Amazonas.

En ese contexto, el lanzamiento de dos libros que celebran a los Andes desde diversas perspectivas constituye un acontecimiento casi natural, porque es la mejor manera de rendir tributo a ese vital ecosistema, al ayudar a ampliar la visibilidad y el conocimiento de los cultivos andinos. Titulados “Los Andes y los Alimentos del Futuro” y “50 Recetas para la Innovación Culinaria”, fueron financiados en parte por el Programa de Investigación sobre Raíces, Tubérculos y Bananas (RTB) del CGIAR y presentados oficialmente de manera virtual a fines de diciembre con motivo de los 50 años del CIP.

“Estos libros destacan la importancia cultural, social, nutracéutica y económica de estos cultivos para los agricultores de la región, contribuyendo a su resiliencia”, escribió Graham Thiele, director de RTB en el prólogo del libro Los Andes y los Alimentos del Futuro.

Las recetas, chefs, fotógrafos y científicos ofrecen un homenaje a las personas que conservan la biodiversidad de los cultivos andinos y llevan de viaje al lector a través de diferentes paisajes gastronómicos de montaña desde Argentina hasta Venezuela, mientras celebran la rica herencia culinaria de los Andes.

“Esta publicación tiene como objetivo reinventar los cultivos andinos desde una perspectiva artística, científica y social, haciendo posible que la agrobiodiversidad contribuya a la sostenibilidad del sistema alimentario y permitiendo que miles de personas descubran este patrimonio único”, explicó Thiele durante la ceremonia virtual.

“Los Andes cuentan con más de 80 cultivos domesticados, que en conjunto representan más de 10.000 variedades distintas, así como cientos de especies de parientes silvestres de cultivos que tienen importancia para nuestro futuro alimentario”, refirió por su parte Ginya Truitt-Nakata, Directora Regional del CIP para América Latina y el Caribe.

Ella recordó que “el arcoíris de colores en las variedades actuales de cultivos no surgió por accidente. Los agricultores andinos seleccionaron conscientemente las variedades debido a su color, ya que los colores a menudo representan diferentes nutrientes. Esta agrobiodiversidad es una joya viva que no solo nutre nuestro cuerpo sino también nuestra alma”.

Clara Meza Gago, coordinadora del comité de gestión comunitaria de la Reserva Paisajística Nor-Yauyos Cochas, que comprende áreas naturales y comunidades campesinas de los Andes centrales del Perú, dijo a la audiencia que la publicación de los libros fue “un sueño hecho realidad”. “Gracias al CIP y al lanzamiento de este libro, nuestras comunidades están saliendo del anonimato y estamos muy orgullosos de poder ofrecer nuestra biodiversidad y nuestros conocimientos ancestrales”, dijo Meza Gago.

Y una clara demostración de esa riqueza ancestral fue la preparación de un picante de chocho usando muchos de los “alimentos del futuro” que se pueden encontrar en los Andes, como papas nativas, tarwi (Lupinus mutabilis) y diversos tipos de ají. La chef Karissa Becerra, quien coordina el programa de gastronomía de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Stef de Haan, científico senior del CIP, narraron a la audiencia –distribuida virtualmente por todo el mundo– el proceso. Además de explicar cómo preparar el sabroso plato, ambos dieron a conocer la historia y el valor de cada alimento incluido en la receta.