CIP desarrolla papas más nutritivas, resilientes y sostenibles para enfrentar el cambio climático

Pregúntale a cualquier limeño sobre el clima en los últimos meses y te va a responder “este año no hemos tenido invierno” 

En la estación meteorológica Campo de Marte, en Lima, las temperaturas máximas de invierno suelen rondar los 19 °C. Según el Senamhi, este invierno alcanzaron los 28 °C. En algunos sectores de Lima, las temperaturas llegaron a registrar anomalías de hasta +10,1 °C por encima de lo normal.

Estas temperaturas atípicamente altas se deben a que este año se ha registrado un fenómeno de El Niño de categoría extrema, exacerbado por el cambio climático, que altera los patrones normales de temperatura y precipitación en el mundo. En el caso de la papa, las temperaturas atípicamente altas no favorecen su cultivo y provocan una mayor incidencia de plagas y enfermedades. La papa necesita el frío para desarrollarse. 

Pero en Perú, la papa es uno de los pilares de la alimentación nacional. Un golpe al cultivo de la papa no solo es catastrófico para quienes la cosechan, sino que también representa una amenaza para la seguridad alimentaria del país. 

Ante la lucha para combatir la inseguridad alimentaria en el país, los investigadores del Centro Internacional de la Papa (CIP) se enfrentaron a un desafío triple:  

  1. Desarrollar variedades de papa más nutritivas y aptas para el procesamiento que también resisten plagas y enfermedades
  2. Adaptarlas a condiciones atípicas como las temperaturas inusualmente altas que dificultan su cultivo
  3. Producirlas mediante prácticas sostenibles enmarcadas en los principios de la agricultura regenerativa.  

A fines de septiembre, una delegación de la Minera Poderosa y la Asociación Pataz, que financian algunos proyectos relacionados con la lucha contra la inseguridad alimentaria del país, y otras instituciones como AGAP, Agromin, ComexPerú, Información para la Acción, IIMP, SNMPE, Supermercados Peruanos, Asociación Frieda y Manuel Delgado Parker, Danper, Capitalismo Consciente, APOYO, Semana Económica; presenciaron una cosecha demostrativa para ver las siguientes soluciones: 

Desarrollar variedades de papa más nutritivas y aptas para el procesamiento que también resisten plagas y enfermedades

En Perú, la inseguridad alimentaria y la anemia por deficiencia de hierro continúan siendo un problema crítico de salud pública, especialmente en mujeres y niños de zonas rurales y urbanas vulnerables.  

Las nuevas variedades del CIP son “biofortificadas” por contener mayores niveles de nutrientes esenciales como el hierro y el zinc y vitamina C, esta última ayuda al cuerpo a absorber mejor el hierro y el zinc. 

Además, su aptitud para procesamiento industrial, como la fritura y el horneado, diversifica las oportunidades de comercialización de los agricultores al alinear su cultivo con las demandas actuales del mercado y los gustos de los consumidores.  

Por otro lado, su resistencia a la rancha, una plaga cada vez más amenazadora debido a condiciones climáticas adversas, contribuye a la resiliencia de estos cultivos, aumentando la estabilidad de la cosecha y reduciendo el uso de plaguicidas que ponen en riesgo la salud tanto de los agricultores que los aplican, como de los consumidores, que los consuman. 

“Estas papas son una de nuestras mejores innovaciones en el CIP” dice la investigadora Gabriela Burgos. 

Adaptarlas a temperaturas inusualmente altas que dificultan su cultivo  

Basándose en técnicas desarrolladas por el CIP mediante investigación participativa en India, los investigadores utilizaron paja de arroz para cubrir el suelo y las papas se plantaron directamente en suelo sin labrar. Esta técnica, conocida como acolchado con labranza reducida o “zero-till mulching”, permite reducir la temperatura del suelo y conservar su humedad, creando un microclima favorable a pesar del calor extremo de este invierno.  

Sembradas el 18 de junio, sin el uso de esta técnica, estas variedades no habrían podido crecer en los últimos meses con el calor en Lima, y más aún con la incidencia del fenómeno de El Niño.  

Esta técnica resulta prometedora porque es replicable, utilizando los residuos de otros cultivos que, en vez de quemarse, pueden emplearse como acolchado. 

Producirlas mediante prácticas sostenibles enmarcadas en la agricultura regenerativa

La agricultura regenerativa busca no solo tomar nutrientes del suelo, sino también conservar su fertilidad y devolverle valor, contribuyendo a un sistema agrícola más sostenible, diversificado, y resiliente.

El uso de acolchado con paja de arroz no solo baja la temperatura del suelo para permitir que las papas crezcan en ambientes calorosos, sino que también incrementa el contenido de materia orgánica y, en general, mejora la salud del suelo. Además, la labranza reducida, reduce el daño mecánico al suelo, preservando su estructura y también reduciendo la carga de trabajo del agricultor.  

Asimismo, el riego por goteo gestionado mediante sensores de demanda hídrica, observado en el campo, permite un uso más eficiente del agua en comparación con el manejo convencional. 

Estas prácticas reducen los gastos del agricultor en un 20% debido a una mejor gestión de recursos disponibles, y, al mismo tiempo, se inscriben en el marco de la agricultura regenerativa. 

En un contexto en el que el cambio climático y las temperaturas inusualmente cálidas avanzan rápidamente, los científicos del CIP, con el respaldo de sus socios, tienen que responder con la misma rapidez, desarrollando nuevas variedades y tecnologías para acompañar a los agricultores y alimentar a un mundo en constante cambio. 

“Hay que adaptarse a lo que viene” dice Jimena Sologuren de Minera Poderosa. 

 

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