CIP e INIA combaten el cambio climático con nuevas variedades de papa

“En 2003 en la comunidad de Challabamba, Paucartambo, Cusco, ubicada a mas de 4000 msnm, se presentó una epidemia de rancha (tizón tardío), enfermedad que antes nunca se había presentado en este lugar,” dice Manuel Gastelo, científico del Centro Internacional de la Papa (CIP).

“Fue muy desastroso porque la rancha eliminó el 90 por ciento de las variedades nativas de papa que existen en esta comunidad. La comunidad dependía en la papa como su alimento más importante, muchos sufrieron hambruna,” agrega Gastelo.

La rancha es la enfermedad más seria que afecta la papa en todo el mundo. Causó la Gran Hambruna irlandesa en 1845, cuando el hongo que la produce (phytophthora infestans) destruyó rápidamente la mayoría de los sembríos de papa —el alimento más importante de la época— causando más de dos millones de muertos por hambre en dicho país, que dependía exclusivamente de la papa como monocultivo.

Hoy en día muchos agricultores combaten la rancha con fungicidas. Esta solución no es efectiva a largo plazo —además de ser peligrosa por la salud y el medio ambiente— ya que el hongo tiene capacidad de mutar para adaptarse e imponerse a todos los fungicidas. Para combatir esta enfermedad, y otros factores limitantes de la papa, el desarrollo de nuevas variedades con resistencia ofrece una solución sostenible y efectiva.

En los últimos diez años, el Centro Internacional de la Papa (CIP) y el Instituto Nacional para la Innovación Agraria (INIA), junto con diversos socios han colaborado para desarrollar y liberar 12 nuevas variedades de papa por todo el Perú. Este programa de mejoramiento genético está ayudando a mitigar los factores limitantes de este tubérculo milenario. Las nuevas variedades de papa son de alto rendimiento, buena calidad y con resistencia a plagas, enfermedades y heladas y se adaptan con facilidad a diversos ambientes.

“Nuestros ancestros andinos domesticaron y mejoraron la papa durante miles de años. Ellos han sido los mejoradores originales. Gracias a este legado contamos con una gran diversidad genética para crear nuevas variedades que ayuden a reducir la pobreza con sus altos rendimientos,” explica Gastelo.

La papa es el cultivo más importante en Perú: unas 600,000 familias dependen de este tubérculo, que aporta al PBI US$ 500 millones anualmente. En el caso de la sierra, es el principal cultivo de los pequeños productores, dominando el 87 por ciento de las hectáreas sembradas. En la última década la producción nacional ha aumentado más de 30 por ciento. Este aumento se debe en gran parte a las nuevas variedades, como “Serranita”, que tiene altos niveles de resistencia a la rancha, alto rendimiento y buena calidad.

“En 2008 entregamos la variedad “pallayponcho” a la comunidad de Challabamba. Además de su resistencia a la rancha, rinde cinco veces más. Esto significa una mejora importante en los ingresos y calidad de vida de la comunidad,” agrega Gastelo.

“La protagonista más importante aquí es la biodiversidad de las papas, sin ella no tendríamos dónde buscar la materia genética con características como alta tolerancia y rendimiento, y por eso es tan importante conservarla”, subraya.

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