Especies de papas silvestres

 

Hay 151 especies conocidas de papa silvestre. Esas especies no son comestibles pero son los ancestros originales de las papas cultivadas que tenemos hoy.

Las especies silvestres se encuentran desde el suroeste de los Estados Unidos hasta el sur de Chile, pero la mayor parte de ellas se concentran en Perú y Bolivia. Crecen en diversos suelos y climas, desde los desiertos secos de la costa peruana hasta los valles interandinos, y hasta los 4,200 metros sobre el nivel del mar.

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Los tubérculos silvestres son más chicos que los de las papas cultivadas y tienen variedad de formas y colores. A diferencia de las papas cultivadas, que han perdido su variación genética debido a la domesticación, sus parientes silvestres son una rica fuente de atributos que se pueden usar para crear variedades de papa más nutritivas y resistentes a las enfermedades.

La pérdida de papas silvestres en la naturaleza se debe principalmente a la intervención humana (agricultura, minería, pastoreo de ganado, construcción de carretas y desarrollo urbano). El cambio de temperaturas junto con la pérdida de hábitat es la gran amenaza que se cierne sobre las especies de papas silvestres. Preservarlas es esencial antes de que desaparezcan completamente.

Salvaguardar estos recursos genéticos es vital para los esfuerzos de mitigación de los impactos del cambio climático en los cultivos de papas. El banco de germoplasma del CIP guarda 140 de estas 151 especies conocidas de papa silvestre.

La papa silvestre de Darwin

Cuando Darwin llegó a la isla Guayteca en el archipiélago chileno de Los Chonos, se percató de la abundancia de papa silvestre. “Las planta más alta tenía cuatro pies de altura. Los tubérculos eran generalmente pequeños, pero encontré uno de forma ovalada, dos pulgadas de diámetro: se parecía en todos los aspectos y tenía el mismo olor que las papas inglesas; pero cuando se sancochaban se reducían mucho y se ponían aguadas e insípidas”. Más de 130 años después, en 1969, el legendario explorador de papas peruanas, Carlos Ochoa, entró en una cueva en la misma isla y encontró la misma papa descrita por el autor de El Origen de las Especies. En honor al descubrimiento de Ochoa, la especie fue denominada Solanum ochoanum. Ochoa propuso que esta papa en algún momento había sido cultivada y luego creció en forma silvestre, porque cuenta con los mismos cromosomas y similar morfología que la Solanum tuberosum, nuestra papa moderna. Él pensaba que los pescadores del siglo XIX podían haber llevado los tubérculos desde tierra firme para su propio consumo para prevenir el escorbuto. Debido a que la S. ochoanum se adaptó a suelos con altas concentraciones de sal, puede resultar útil para suministrar genes a los programas de mejoramiento en aquellas partes del mundo que sufren de suelos con alta salinidad.

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